marzo 20, 2018 / por Jose Luis Cruz Siles / 1 comentario

Algunas verdades y mitos sobre el suelo pélvico.

La cirugía no es el único tratamiento contra la incontinencia urinaria.

Realidad. Con tratamiento conservador de fisioterapia como reeducación miccional, ejercicios físicos específicos y terapia miofascial se consiguen excelentes resultados.

El uso de bolas chinas es recomendable para una disfunción de suelo pélvico.

Mito. Cuando no existe un tono adecuado de la musculatura pélvica están totalmente desaconsejable, pueden incluso agravar el problema.

La incontinencia urinaria afecta tanto a hombres como a mujeres.

Realidad. Uno de cada cuatro hombres mayores de 40 años sufren pérdidas. Es recomendable visitar con frecuencia al urólogo al igual que las mujeres acuden al ginecólogo.

Padecer incontinencia urinaria implica tener que reducir la actividad física.

Mito. Realizar ejercicios sin impacto y sin aumentar la presión abdominal permitirá un reforzamiento de los músculos del suelo pélvico.

Un prolapso es una disfunción en el suelo pélvico de la mujer.

Mito. No tiene por qué ser patológico. Se debe al debilitamiento del suelo pélvico y perdida de elementos de sostén. Con el tratamiento conseguimos paliar la sensación de pesadez y minimizar sus posibles efectos. Con grado I y II bastará con fortalecer la musculatura y con grado III y IV se precisará ya de una intervención quirúrgica.

Un dolor lumbar está relacionado con dolores pélvicos.

Realidad. Es necesario una buena estabilidad ósea de la pelvis, columna lumbar y sacra, siendo muy importante la reeducación de hábitos posturales y fortalecer musculatura lumbar.

La incontinencia urinaria es una patología propia de la tercera edad.

Mito. Hoy en día, 1 de cada 3 mujeres en mujeres mayores de 35 años presentan incontinencia.

Una buena tonificación de los músculos pélvicos aumenta la calidad y el placer durante las relaciones sexuales.

Realidad. Con el orgasmo se consigue una activación tanto de la parte muscular voluntaria como involuntaria. Su intensidad dependerá de la tonificación y fuerza de dicha musculatura.

El estreñimiento, sobrepeso y malas digestiones suponen un riesgo añadido a disfunciones pélvicas.

Realidad. Toda hiperpresión en la zona abdominal supone una presión descendente a la cavidad pélvica, provocando así debilitamiento de la musculatura.

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